• Zelda Zonk

La Paciente. Parte III

Updated: Mar 21

El Marquito no atinaba como verle a la Male al día siguiente en el colegio, pero ella se acercó corriendo para dejarle un pico en el recreo. Un pico y la promesa de volver a su casa más seguido.


El Marquito se sentía orgulloso, pensó que al final no había estado tan mal. Ese mismo día pegó en su espejo un dibujo de quien llamó desde ese momento con orgullo “mi novia”, justo entre las medallas de fútbol y el trofeo del club de periodismo.


La Male que siempre había honrado sus promesas fue a comprar una linda colección de calzones con encaje para estrenarlos en la casa de los Ponce. Siempre le había gustado mirarse por sobre el hombro y contra el espejo la curvatura que dibujaba su espalda, su cabello se encarrilaba como cascada para terminar rozando el delicioso encaje que le cubría las nalgas; buscaba un detallito que le dé a sus prendas un toque de regalo, de juguete para abrir, si no lo encontraba de fábrica se lo arrancaba a otras del mismo u otro local y al llegar a casa lo zurcía.


Los encuentros eran dulces y cada vez más intensos, se acostaban uno junto al otro en la cama mirando pornografía, en la cabeza los unían los audífonos, a mitad del cuerpo la mano de la Male que le acariciaba el miembro despacio, su tacto era muy sensible a su amante, sabía cuándo detenerse para que él no eyaculara, lo dejaba descansar, luego volvía a tocarle, poco a poco Marco fue mejorando sus tiempos.


Todo era demasiado natural, a ella le gustaba jugar, acariciarle, mirar que escenas le excitaban más, que tipos de mujeres eran sus favoritas para copiarles el outfit al día siguiente.


Amaba el semen caliente sobre su abdomen, por eso cada vez que sentía que el pene de su amante se volvía más duro, aumentaba su temperatura y se venían espasmos lo pegaba contra su cuerpo para que la empape, se recogía las gotas escapistas y las perdía con un movimiento circular sobre su piel.


Nunca se dio una ducha, necesitaba llevarse ese aroma prendido en el cuerpo, en la ropa y en la mente, llevarse los recuerdos, sentirse segura, amada para enfrentar lo que era llegar a casa.



Al Dr. Ponce le encantaba la presencia de tan hermosa invitada, fue siempre permisivo con la puerta cerrada, las risas y hasta los gemidos, llegaba temprano a casa para disfrutar del almuerzo y la conversación con la Male, ella también estaba encantada con él, era un hombre apuesto, carismático, inteligente, pero sobre todo un hombre. Una corriente le recorría el cuerpo cada vez que escuchaba su voz grave, sus pasos firmes subiendo las escaleras, cada vez que soñaba con sus manos fuertes y grandes, esa aspereza de su rostro poblado topando contra su mejilla, amaba quedarse colgada en esos ojos verdes que aparentaban saberlo todo, haber vivido todo.


Más de una vez se sorprendió a sí misma restregando su sexo contra la almohada y pensando en él. Lo deseaba y se lo hacía saber a cada instante; llenando la casa con sus gemidos para que él la escuche, posando su mano más arriba de la rodilla mientras se acercaba a despedirse, tocándose el cuello de la camisa del colegio con insistencia hasta que se desabroche el primer botón, jugando con el borde del vestido del uniforme para dejarlo cada vez un poco más arriba, girando y estirándose lo más que podía para que su falda por un instante revelara su deseo.



En la casa de los Ponce se sabía de sobra lo problemático que era el padre de la Male su hijo cierta vez había llegado golpeado, el hombre en un ataque de furia y dominado por el alcohol al ver a Marco besar a su hija lo embistió contra la pared y le propinó una paliza, la Male y su hermano pequeño en vano trataron de detenerlo, un guardia cercano al lugar fue el que salvó al muchacho.


En otra ocasión ebrio y enfurecido por un problema disciplinar había arrastrado a su hija por todas las gradas del colegio, con la espalda destrozada llegó envuelta en lágrimas.


...Esta vez recibieron una llamada solicitando ayuda a las 2 de la madrugada, estaba sola con su hermano en medio de la calle, el hombre había llegado con varios amigos a la casa y la Male que siempre se encerraba en su cuarto había decidido que esa noche necesitaba dormir tranquila, se aventuró a echarlos, la que terminó a la intemperie fue ella.


La recibieron con cariño y consuelo, la mamá de Marco le preparó una habitación, le había subido la temperatura así que el Dr. Ponce decidió apersonarse de su cuidado.


Subió a las 5 de la mañana antes que todos se despertaran para ver como seguía su paciente, le puso la mano en la frente y ella abrió los ojos, le miró fijamente y él sin poder retirarla fue deslizándola por su mejilla, le recorrió con el dedo una y otra vez los labios, ella entre abrió su boca, le topó la yema con la lengua, cerró los ojos para sentirlo recorriéndola, los labios del Dr. se colgaron en sus senos y con avidez le cubrió con su cuerpo, ella abrió las piernas para acunarlo, la erección se desbordaba del pantalón y lo cobijó dentro de sí para calmarlo, él le tapó la boca y se dio prisa, movimientos lentos pero fuertes hasta que terminó, retiró su mano para que la Male tomara una bocanada de aire, le apretó los muslos sin decir una sola palabra, y de nuevo le puso encima las cobijas.

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