• Zelda Zonk

Manifiesto

No sé cuando empecé a tener estos episodios de personalidad múltiple, intuyo que en una parte de mi vida el alma se me rasgó en dos, o se me agrietó y empezó a desbordarse por todas partes tomando distintos caminos.


Todos hablan de una voz, la conciencia dicen, les habla, les aconseja y les guía. Yo, tengo una orquesta en la cabeza, una muy bulliciosa y nada entonada, cada uno toca lo que puede a su ritmo sin escuchar al de al lado, es más, me parece que se esfuerzan por tocar melodías muy diferentes.


La nostalgia me golpea la ventana con frecuencia, añoranzas de la fantasía, saudade de la vida in-vivida, mundo donde firmo con mi nombre, donde bailo sobre las piedras y no les temo… O tal vez sueños de la buena mujer, donde la estufa me calienta, me fundo en el abrazo del amor y voy a misa los domingos.


He llegado a la conclusión: “el capitalismo nos emputece a todos”. Cada uno escoge la esclavitud a la que se somete y lo que cuelga en la cruz. Yo he colgado el amor. Se siente extraño cuando hago algo que debería hacer por amor y cobro o cuando hago el amor y no me pagan. Tener una vida amorosa le dice la gente. Yo no sé si se puede decir que tengo una, que se me permite tener una, que es necesario tener una.


Las películas me cuentan que hay que escoger, yo no entiendo esa grosería vital que significa quedarse con algo y dejar de lado todas las otras posibilidades. Además hay que escoger para siempre, como si lo de Nostradamus se nos diera a todos, como si a los 20 tuviera obligación de definir a mi yo de los 60. Como si no estuviera esperando cada instante que me pase algo, como si no me gustara conocer, transitar, buscar, vivir.


Y luego pienso que en mi vida no hay esa clase de amor en particular, pero lo tengo, soy una atenta espectadora de cada uno de sus dramas, de sus inquietudes, de sus miedos, les acaricio la espalda despacio, con ternura, les acojo sobre mi pecho como si de su madre se tratara, les recito poesía al oído; ellos me han adorado como una diosa, me han besado los pies, me han dicho las palabras más dulces, son el amante perfecto pero con rostros y penes muy distintos.

Siempre he pensado que tiene que ver con el tiempo y que compartimos un delito. Soy un sueño, soy efímera, soy el ratito, el gusto, se abre una puerta y empieza a correr el reloj tic tac tic tac señor. Tienes una hora ¿qué prefieres hacer? Luego la complicidad nos saca de los límites salvables y estamos juntos parados frente a un cadáver, como el ladrón y el conductor huyendo, como los amigos que timbran en las casa y salen en carrera acelerada, es lo mismo, mucho o poco cruzaste. Es mágico ese instante, tiñe toda la habitación de carmines, hasta el hotel más impresentable se vuelve hogar por un instante.


Por eso hoy digo: no hay nada peor que una puta que espera estar enamorada, que una puta que se las da de dama, que divide en dos un mismo espacio tiempo y cree que puede ser fiel y lo demás es trabajo, que se inventa vidas posibles donde se proclama una gran señora, que le vive huyendo todo el tiempo a la otra mitad de ella misma, que no entiende cuando está viviendo y cuando está soñando.


Y digo también que la felicidad está a la vuelta de la esquina y lo mejor no me ha pasado.

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