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Quito - Ecuador 

  • Zelda Zonk

No son tiempos son experiencias

Tenía el cuadro más bonito frente a mis ojos. Llegué al Lobby de un hostal casual, sin esperar mucho de esa mañana, pero el azar me tenía preparada una historia.


No son lugares, son personas; no son tiempos, son experiencias.


Es increíble como los sitios se transforman cuando los transitas agarrando esa mano, empiezas a crear historias, a vivir momentos, a generar recuerdos. La esquina de tu casa dejó de serlo para convertirse en el sitio donde se besaron por primera vez.


La vida se volvió mágica, sonidos que se acallaron ante su voz, gente que desapareció en el instante en que sus ojos se posaron en ti, tiempo que se volvió errático en su presencia.


Los sentidos trabajando al 1000%, el olor de su cabello ingresó por tu nariz y no paró hasta marcar cada neurona, el sabor de sus labios se volvió la medida perfecta de todo lo que pase por tu boca, el tacto de su piel te erizará hasta mucho después que se haya ido.


Y todo esto pasa por tu mente en segundos cuando conoces a alguien que intuyes va a tomarte de la mano y arrastrarte por la vida. A ese punto es al que vuelves cuando estas destrozado al final del camino.


Estaba sentada en las escaleras con la cabeza apoyada en la pared, los pies cuidadosamente asentados uno en cada grada, las manos entre las piernas como para calentarse, su piel blanca y su cabello largo y castaño, vestía un jean azul ceñido y una blusa celeste holgada.

-¿Estás bien?


Me dejó perderme en sus ojos verdes y de pronto “el segundo”, había mirado hacia esas escaleras mil veces y jamás me habían parecido tan hermosas, ahora entiendo porque la gente hace fotos; por el momento en que todo se torna más interesante.

-Me duele un poco la cabeza

-¿Quieres que te traiga una aspirina o agua?

-No, tranquila, todo bien. Trabajas aquí.

-De alguna manera, sí.

-jajajajaja, yo también.

-Tengo que subir, ¿vienes siempre aquí?

-No, primera vez. Tengo un cliente que siempre me pide un trío y yo trabajo sola. ¿Te interesa?

-Anota mi número


En las charlas que le siguieron a este encuentro la percibí distraída, un poco triste. Yo estaba muy entusiasmada porque iba a ser mi primer trío y me encantaba la idea de conocer a la chica y que me haya gustado, normalmente los clientes varones son los que contactan conmigo y no tengo la suerte de charlar con las esposas o novias o amantes. Además que me sentía sola, ellos son pareja y yo iba a irrumpir allí en cierta manera, pero esta vez había complicidad con la chica, entonces estaba muy cómoda.


El día de la cita llegué y ya estaban los dos juntos, el ambiente era muy relajado y jocoso, él un empresario de comunicaciones muy ameno e inteligente, y ella; bueno, lo iluminaba todo. Aunque siempre se le notaba mecánica, como si no le moviera nada, parecía no tener nada que perder, daba vértigo escarbar mucho porque siempre te asomabas a un vacío.


El vino se nos subió a las mejillas, los grados empezaron a elevarse y la ropa a estorbar. Los deseos se mezclaban con el aire y los roces eróticos de manos que curiosas buscaban penetrar el límite de la falda o dedos que se mojaban de cuando en cuando en saliva enmarcados por sonrisas pícaras marcaban el ambiente.

La piel necesitaba salir a respirar y poco a poco nos fuimos despojando de lo que nos cubría, estábamos los tres felices no solo por el alcohol, dejábamos que los cuerpos hablen entre ellos y era excitante. Sobre la alfombra de rodillas ambas nos estábamos besando, mis dedos buscaban el camino hacia sus pechos, ella me besaba cada vez con más pasión, podía sentir sus ansias, pasé primero mis dedos muy despacio y varias veces para luego tomarlos con toda mi mano, sentí sus pezones endurecerse y su respiración agitarse, el olor que se desprendía de su piel era embriagante, y su temperatura cada vez más elevada, su piel suave y todo su cuerpo se agitaba, como si el placer invadiera cada rincón de su anatomía, como si fuera la electricidad que la mantiene con vida.


Ella me tumbó en la alfombra y me arrancó las bragas; bajó su mano a mi vulva y empezó a tocarme, a la vez que me entregaba sus pechos, era demasiado excitante sentir su cuerpo sobre el mío y la cadencia de sus movimientos. Mi lengua jugaba con su pezón mientras ella me tocaba y a la vez apegaba su sexo ejerciendo más presión. El cliente se había quedado mirándonos; de rodillas frente al espectáculo llevaba de vez en cuanto su mano a su miembro completamente empalmado y se daba un par de jalones, lo invitamos a unirse pero se resistió.


La tomé por las caderas y la traje a mi rostro, ella se sentó sobre mí y yo pude lamer su vulva húmeda, el sabor era único e irrepetible, todas las mujeres son distintas, su sexo estaba hinchado de lujuria y ella se movía con frenesí mientras apretaba sus pezones, empecé a meter mis dedos en su vagina y ella hizo lo mismo conmigo, sus gemidos eran como música deliciosa y al llegar al orgasmo pude sentir una cascada que emergía de su interior, magma caliente le brotó de las entrañas y su espalda se arqueaba como entregando su placer al cielo!!

Inmediato sentí semen caliente sobre mi ombligo, él dijo que era tan hermoso vernos que no se atrevía a tocarnos, y decidió bautizarnos con esa lluvia cálida para demostrar su placer.


Nos abrazamos los tres hasta recobrar el aliento. Y ella empezó de nuevo a irse emocionalmente, para después partir físicamente. No hemos vuelto a hablar, no sé si sigue triste, no sé si soy un recuerdo o me perdí en su vacío.